¡Noooo, yo te los saco a vos!
Y así estamos, los porteños, tan salvajes, tan tontuelos...
Y así nos va, y esos gobiernos elegimos, que nos hacen puré, picadillo, aserrín.
No aprendemos...
¿No aprendemos?
viernes, 7 de septiembre de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
¡MOCHILAS DEL MUNDO, UNÍOS!
¡Mochilas del mundo, uníos!
Abandonad las espaldas de vuestros amos, puesto que ni siquiera recuerdan
vuestra presencia.
Los que se quejan son los pobres desgraciados golpeados por vosotras,
porque los portadores no conciben la presencia de otros seres, ni calculan que,
con vosotras a cuestas, sus espaldas son más gruesas y dañinas.
Esto sucede todo el tiempo en los estrechos pasillos del transporte
público.
Por supuesto, algunos de vuestros amos os bajan de sus espaldas, y os
llevan colgadas junto a sus piernas mas... oh, inocentes bienintencionados, a
cada sacudida del vehículo, os bamboleáis y golpeáis las piernas de los vecinos.
Si lo pensamos mejor, ¡abandonad a vuestros amos por completo! No sólo las
espaldas sino todos ellos. Idos a vivir en libertad, a una isla soleada, sin
vehículos a motor!
¡Libres, sin amos descerebrados!
¡Libres, al fin...!
Ana Silvia Mazía (ex diariera)
lunes, 30 de julio de 2012
LAMENTO
Lamento
Lamento el
lamento.
Lo lamento.
¡No saben cuánto
lo siento!
Me repercute en
el cuerpo,
me contrae el
esqueleto.
Me frunce la
piel, los huesos,
me hace caer los
dientes,
las uñas se
resquebrajan.
Las cejas tocan
el cielo
y se me eriza
hasta el pelo
cuando escucho
lamentar:
"¡Ay, ay,
qué mal está todo!"
"¡Ay, cómo
suben los precios!"
"¡Ay, como
cunden los robos!"
"Ay, me
maltrata, me engaña."
Así se quejan los
necios,
Y también de este
otro modo:
"Cómo sufro,
cómo lloro,
como me siento de
mal."
La vida es un
vendaval
de sufrimientos y
quejas.
No existe paz, no
hay descanso
para las buenas
personas.
Sean jóvenes o
viejas,
no hay para el
alma un remanso...
No saben lo que
lamento
seguir oyendo
estas cosas.
Porque el alma se
me arruga
Me encantaría ser
sorda
para no escuchar
más llantos.
¡Una buena
carcajada,
y queda el aire
limpito!
Haceme caso,
hermanito,
me lo enseñó la
experiencia:
¡si te tomás muy
en serio
te aseguro que
vas frito!
Ana Silvia Mazía... lo lamenta
sábado, 21 de julio de 2012
¡LOCA!
¡Loca!
"¡Loca!",
me dicen en el barrio.
¿Por qué?
Sólo porque
saludo
al bello, añoso
aguacate
que me invita al
cielo.
Porque me río
mucho,
sobre todo,
de mí.
Porque digo:
gracias
por favor
y permiso.
Loca porque digo:
Buen día
Buenas tardes
Buenas noches.
¡Ah, si supieran
que escribo poemas!
miércoles, 20 de junio de 2012
CARL SAGAN Y LOS LIBROS
("Robado" del muro de Susana Ruetinger)
¡Qué cosa asombrosa es un libro! Un objeto plano que se hace
con un árbol, y tiene esas partes flexibles sobre las cuales están impresos un
montón de garabatos raros. Pero nos basta con echarle una mirada y ya estamos
dentro de la mente de otra persona, de alguien que, tal vez, ha muerto hace
miles de años. A través de los milenios, un autor habla con claridad y sin
ruido dentro de nuestra cabeza, se dirige a nosotros. Quizá, la escritura sea
una de las más grandiosas invenciones humanas, capaz de unir a personas que
jamás se conocieron, a ciudadanos de épocas distantes entre sí. Los libros
rompen las ataduras del tiempo. Un libro es la prueba de que los humanos somos
capaces de hacer magia.
Carl Sagan
Trad.: A.S.M.
sábado, 16 de junio de 2012
ANÉCDOTAS DE UN TAXI DANCER III
Primera quincena de junio, post-cumpleaños, malaria.
Sábado de otoño a esa hora imprecisa entre la tarde y la noche. Ha llovido y hay una humedad caldosa. Recibo un llamado de E., fundador de la gloriosa institución Taxi Dancer, en sociedad (y, parece, también en pareja; lo deduzco
porque él le dice “suiti” -versión autóctona de Sweetie- por no decirle “cosita”) con R., la dama inglesa ya
mencionada, que anda de viaje por los pagos de la Reina Madre.
E... (¿cuál
será su apellido que, con su aspecto de morocho argentino, hace referencia a
los colores de nuestros taxis -los de cuatro ruedas, no los de bailar-? Sí, sí,
ése.) me dice que una señorita requiere mis servicios. De baile, se
entiende. Que debo encontrarme con ella en el Social Rivadavia, un “bailable”de Floresta. Y a medianoche, hora
de brujas si las hay...
Como él está ocupado, me da las indicaciones para ubicarla, reconocerla o vaya a saber qué. La Pasajera se llama
X, es “bajita”, comparte la mesa con una
pareja ubicada debajo de un aire acondicionado a la derecha del
salón y tiene el pelo rubio platinado al estilo de Luisa Albinoni ("actriz”
pulposa cuyo único mérito fue un personaje que repetía siempre: llamar a la
madre desde el teléfono público de una peluquería, decir “¡¡¡Hola Mamiiii!!!” y contar ingenuidades de doble sentido, con voz de pito).
Cuando entro al Bailable me doy cuenta de que: suena
una cumbia de letra pegadiza y monótona; no me acuerdo debajo de cuál aire
acondicionado estaba la cliente, y hay un montón de rubias platinadas que
comparte mesa con una pareja. Y, para peor, unas cuantas miran con ansiedad,
expectativa o lo que sea. Sí, ya sé: podría ser por mi aspecto de milonguero
recio, juvenil y buen mozo, pero también porque están esperando al bailarín de
alquiler. O sea, un servidor. Así que, con mi habitual viveza, mientras me
pongo los zapatos en una silla cercana a la entrada pero alejada de la pista, carpeteo
con discreción a todos los tríos ubicados del lado derecho de la pista entre el
1er y el 3er equipos de aire y logro restringir la
búsqueda a dos o tres grupos. Por fin, como no me queda otra, con aire
inocente me acerco a una mesa y pregunto; “Disculpe, ¿Ud. se llama X y contrató
un taxi dancer?” Ella, la falsa Luisa
Albinoni, contesta que sí, pero que tengo que sentarme a otra mesa porque el
marido de su amiga no sabe que me contrató a mí y entonces... etcétera. Otra vez
el viejo y conocido dèjá vu, la
sensación surrealista de: “Qué estoy haciendo yo acá”.
Trabajar, eso
estoy haciendo. Y en mi caso “trabajar” equivale a bailar. Así que bailamos.
Un par de tandas de tango, alguna que otra de vals, de
milonga. Para mi alivio, la pista se mantiene bastante vacía, y no tengo
que andar cuidando de no atropellar a -o ser atropellado por- otras parejas.
No, no baila demasiado mal, ése no sería el
problema. El problema es que, en efecto, ES bajita, su pelo platinado y bastante
armado queda a la altura de mi pobre ojo derecho, donde insiste en meterse,
irritándomelo a más no poder.
Bueno, nadie dijo que ganarse el Cielo era tarea
fácil...
Bailamos un poco más.
Por estar aislado en mi mesa puedo observar, cosa
que suelo disfrutar mucho. Y observo que, como la Selección “del Diego”
acaba de ganarle a Nigeria en el Mundial de Sudáfrica, hay clima de fiesta, para
mí, un poquitín exagerado y, a la vez, familiero. Algunos llevan camisetas
argentinas, y hay gorrobanderavincha. Vuvuzelas
no, pero sí unas cornetitas bastante rompepelotas, Alá sea loado...
Raro, la pista se mantiene vacía mientras suenan
tangos, valses y milongas. Hasta que vuelven a pasar cumbia: ahí sí, se llena a
más no poder, y el clima mundialista y cornetero, se descontrola. Si le sumamos
ese calor pegajoso de otoño trucho, la duración eterna de la tanda y que este humilde bailarín no soporta mucho la
cumbia vernácula, podrán imaginar que el “Qué estoy haciendo yo acá” ya suena
a sirena de trasatlántico...
Para completar
la velada, entra a escena E., quien viene
a traerme mis emolumentos y, por suerte, se pone a bailar con la dama. Así, les
da un descanso a mis pies, mis lumbares y mi orgullo. Eso sí, antes me relata sus
aventuras como migrante ilegal de México a los EE.UU., su paso por la prisión
de Texas, las peleas a piñas con sus compañeros de celda (Juro que, de verdad,
me dice: “No soy Van Damme pero me
defiendo”. Posta). Y que -agarrensén-
gracias a su viveza criolla y su ascendente sobre los antedichos, la gloriosa
CIA (o algo así), le ofrece transformarse en agente interno para buchonear a
futuros ilegales sudacas que quieran ir a ensuciar el patrio suelo
norteamericano. POSTA-POSTA.
Cierre
apoteótico para mi sábado de otoño. A casita a cortarme las venas con un
sahumerio de pachuli…
viernes, 8 de junio de 2012
¡CHOCHA DE LA VIDA!
¡Estoy chocha, estoy!
Aquí, en nuestra amada Buenos Aires, todo es paz, armonía, afecto, buena disposición. Todos nos saludamos con una sonrisa. Nos dejamos pasar, nos ayudamos. Nos pedimos permiso. Nos ponemos de acuerdo... ¡No, para joder a otro, nooooo!
No creemos que pensar duela. No, no duele pensar.
Por eso estoy chocha... como la gallinita.
Aquí, en nuestra amada Buenos Aires, todo es paz, armonía, afecto, buena disposición. Todos nos saludamos con una sonrisa. Nos dejamos pasar, nos ayudamos. Nos pedimos permiso. Nos ponemos de acuerdo... ¡No, para joder a otro, nooooo!
No creemos que pensar duela. No, no duele pensar.
Por eso estoy chocha... como la gallinita.
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